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  • Mar Martínez Ricart

¿Siempre fuiste demasiado madura para tu edad?

Impostora, puede que a día de hoy seas una adulta muy competente, eres la mejor sacándote las castañas del fuego, pero en el fondo tienes una sensación de cansancio profundo, de no poder con todo, de necesitar que alguien se encargue de ti, delegar y descansar, porque estás harta de siempre tener que afrontarlo todo sola..


Esa es una de las consecuencias de haber sido responsable desde pequeña y puede ser que tan solo sea la punta del iceberg. Cuando tus cuidadores principales te convirtieron en un objeto para favorecer su propia regulación emocional, automáticamente a ti se te vetaron algunas necesidades y derechos emocionales.


Las primeras consecuencias de ello se hicieron visibles en la infancia, donde tu educación se basó en comprender que debías estar para atender y que tus cuidadores no podían hacerse cargo de tus emociones y necesidades. Por lo tanto tu integraste que no eran importantes y que además debían ser tapadas.


Eso a día de hoy se muestra en tí en forma de ansiedad y estrés, porque tu cuerpo te avisa de aquello que debes atender. También tu autoestima es baja, puesto que nadie valoró en tu niñez lo que hacías, tus logros eran invisibles y tus virtudes pasaban inadvertidas.


Cuando te conviertes en adulta demasiado pronto tu infancia es eliminada, ese tiempo de jugar, aprender, ensuciarte, equivocarte y estar sustentada emocional y psicológicamente es eliminado de tu vida. Por lo tanto integras desde bien joven que la diversión no está hecha para ti, el sentido de la responsabilidad forma parte de tu esencia y personalidad, crees que vives en constante lucha por mantener el equilibrio de todo, y que nada de lo que haces es suficiente.


Pero todo esto no fue tu culpa, no pudiste hacer nada para evitarlo porque no conocías otra manera de hacer las cosas, no sabías que existían otras oportunidades para ti. Hoy puedes transmutar todas estas vivencias y aprendizajes en nuevas formas de vivir más amables contigo, aprender a procesar tus emociones de nuevo, a saber que estás sostenida por tu círculo, a dejar ver tus talentos y a que sean reconocidos tus logros. Y lo más importante aprender a descansar e integrar que la felicidad de los demás no depende de ti, y que la tuya es la principal y única que debes procurar.




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