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  • Mar Martínez Ricart

EMDR Cómo neuroprocesar una herida emocional

Cuando experimentamos un acontecimiento que para nosotras tiene un impacto emocional de gran envergadura eso nos deja una ‘herida emocional’. De la misma forma en que nuestro cuerpo actúa de forma biológica para sanar una herida física, nuestro cerebro también lo hace para cicatrizar una herida emocional.


La forma en que cada una de nosotras reacciona al trauma depende de muchos factores como la gravedad del evento, el tiempo que ha transcurrido desde que lo vivimos, el apoyo que recibimos en ese momento, entre otros muchos. Lo que sí es común es la gran variedad de respuestas psicológicas, emocionales y físicas. Impostora, todas estas reacciones son normales y son parte del proceso de recuperación.


Nuestro cerebro tiene tres maneras de procesar el evento traumático; hablar de ello, pensar en ello y soñar con ello. Ante esto, la experiencia que hemos tenido se transforma en aprendizaje, de este modo vamos desarrollando creencias sobre nosotras mismas y lo que nos rodea.


Si no somos capaces de comunicar, pensar y soñar nuestras malas experiencias, no las podremos transformar en aprendizajes y por lo tanto se quedarán en la sombra produciendo dolor y sufrimiento.


Nuestro cerebro recibe los estímulos primero en el tálamo. Aquí nuestras emociones se dividen en dos caminos; uno hacia la corteza y otro hacia la amígdala. Esta segunda es la que nos dará una respuesta ante las emociones y nos preparará, dependiendo de lo que ha procesado anteriormente (liberando hormonas).


La amígdala funciona de manera asociativa, cuando una situación presente comparte rasgos similares con otra pasada reaccionamos de la misma forma como lo hicimos anteriormente.


Finalmente toda esta información acabará en el córtex prefrontal, dónde nuestro cerebro nos dará una respuesta lo más adaptativa posible.


Cuando el evento es de gran impacto emocional la amígdala se sobreexcita y produce un corte de comunicación entre ella y el tálamo. Por lo tanto la información quedará fuera de funcionamiento. Así pues al córtex prefrontal solo llegará información que generará creencias y explicaciones erróneas.

En resumen, cuando se viven situaciones de alto impacto emocional una parte importante de la información respecto al acontecimiento queda aislada, fuera de la conciencia, debido, fundamentalmente a la hiperexcitación de la amígdala y al fallo en los mecanismos de reducción natural de esa excitación.


Mediante el EMDR se ‘rescata’ esa información no procesada por la sobreexcitación de la amígdala para poder transformarla en adaptativa.



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