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  • Mar Martínez Ricart

El Síndrome de la Impostora en la búsqueda de trabajo

El sentimiento de fraude e insatisfacción personal al que conocemos como síndrome de la impostora nos atraviesa a muchas de nosotras y se manifiesta no sólo en nuestras tareas más cotidianas o en nuestro entorno laboral, sino que también en la búsqueda de trabajo.


Cuando padeces el Síndrome de la Impostora un sentimiento común es el hecho de sentirte fuera de lugar, eso provoca que tengas miedo a exponerte y seas propensa a la ansiedad. Eso provoca que tengas la percepción de que no estás legitimada para hacer lo que haces o estar dónde estás.


El entorno laboral tan competitivo al que nos vemos obligadas a afrontar estos últimos años, así como también los estereotipos de género, afectan especialmente a las mujeres en cuanto salimos a buscar trabajo.


Algo que también puede causarnos el síndrome son las dinámicas familiares con las que hemos sido educadas. Como por ejemplo el ser comparadas con nuestros hermanos o la presión a la que nos sometían nuestros padres en sacar buenas notas.


Esto sumado a la incesante lucha interna a la que nos afrontamos las mujeres para ser siempre perfectas como consecuencia de la educación patriarcal hacen que la búsqueda de trabajo a menudo se convierta en una pesadilla.


Es en estas ocasiones en las que lidiamos con diálogos internos que nos dicen que no estamos preparadas para ese puesto de trabajo, no nos atrevemos a optar a una candidatura porque creemos no tenemos la experiencia suficiente, o dejamos de realizar según qué trabajos por creer que nos falta formación y así un largo etcétera que nos lleva a la aparición del autoboicot.


Éste tiene origen en nuestra infancia. Cuando nuestras figuras de cuidado resaltaron qué partes de nosotras eran demasiado exageradas, cuando nos negaron realidades que presenciamos o cuando ignoraron nuestras necesidades o límites. En ese entonces no teníamos la conciencia suficiente para saber que aquello no era un reflejo de lo que éramos. Tu temor a fracasar y no ser aceptada, aprobada y digna de amor ha hecho que el miedo aparezca y para protegerte de éste tu cerebro te manda señales de que no debes tomar esa decisión, afrontar esa tarea o tomar acción y así es como te protege de tu sufrimiento.


Es muy importante, ante estas dinámicas, no presionarnos en solucionarlas, cayendo así de nuevo en la autoexigencia del perfeccionismo. Trata a tu impostora celebrando tus éxitos. Anótalos, compártelos, vívelos hasta que integres que son tuyos. Trabaja tu saboteadora intentando lograr primero pequeñas metas. Cuestiona e identifica tus pensamientos negativos e intenta no compararte con las demás.




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